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Los monstruos del Museo del Prado Protagonistas en un mundo de reyes 

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Este curso el ciclo anual del Museo del Prado es el arte fantástico. Uno de los temas más esperados de esta serie llegó hace un mes de la mano de la profesora Julia Ramírez- Blanco, los monstruos del Museo del Prado. 

Dentro de este amplio tema, la profesora decidió concluir con una sección que no me esperaba, los bufones de la corte. Tras escuchar su explicación y enfocar la mirada hacía estas personas representadas en los cuadros, empecé a reflexionar sobre el sentido que le había dado y el por qué de su representación a lo largo de la historia el arte. 

En primer lugar me pareció curioso que tras hablar de verdaderos monstruos: dragones, animales de dos cabezas, seres grotescos. Esta conferencia acabara hablando sobre la representaciones de los bufones de la corte. Como todos sabéis, durante varios siglos se utilizaba a persona diferentes física y psicológicamente para acompañar y hacer reír a los nobles. 

Como os digo, al principio me pareció sorprendente, incluso de mal gusto que se hablara de estos tipos de retratos dentro de la sección de los monstruos. Sin embargo, a medida que iba conociendo más datos sobre algunos cuadros y algunos bufones me hizo pensar si en realidad la compañía de estas personas no era tanto por su aparecía sino por su interior. 

La infanta Isabel Clara Eugenia y Magdalena Ruiz 1585 - 1588. Óleo sobre lienzo, 207 x 129 cm. Este retrato de Isabel Clara Eugenia acompañada por Magdalena Ruiz se inserta de lleno en la tradición del retrato de corte creado en los años centrales del siglo XVI. La figura de cuerpo entero de la infanta, ricamente ataviada con un traje de seda blanca bordado en oro y guarnecido por numerosas joyas -entre las que destaca un camafeo con la imagen del Rey-, con una de sus manos apoyadas en la cabeza de Magdalena Ruiz, remite a otros importantes retratos femeninos de la dinastía. La imagen se inscribe en una cadena de tradiciones y herencias recibidas y asumidas que dibujan una suerte de perfil común dinástico de las mujeres de los Austrias, pergeñado gracias a los retratos de Tiziano y Antonio Moro.

Infanta Isabel Clara Eugenia y Magdalena Ruiz 1585- 1588 (Museo Nacional EL Prado, Madrid)

Uno de los ejemplos fue el retrato de la infanta Isabel Clara Eugenia junto a Magdalena Ruiz.  Sabemos mucho de esta bufona, gracias a las cartas que Isabel mandaba a su padre Felipe II, donde ambos se preocupaban por la salud de Magdalena. Fue tal el cariño que tuvo por parte de la casa real que hasta acompañó al rey Felipe II en varios de sus viajes y murió en el Escorial en 1605. 

Otro de los grandes ejemplos son los retratos que Velázquez hizo a los bufones de la corte. Son representaciones individuales, con una mirada noble centrada en la persona. En ninguno de ellos se ve atisbo de burla, al contrario si nos fijamos podemos apreciar qué nos quiere contar de cada uno de ellos. Por ejemplo, el retrato de D. Diego de Acedo que está rodeado de libros porque era uno de los bufones más sabios de la corte gracias a su afición a la lectura; O el niño de Vallecas, una representación noble y cuidada donde nos trasmite su inocencia y su cariño. 

Ante los numerosos retratos de este tipo que encontramos a los largo de la historia del arte y concretamente mirando alguna de las representaciones citadas del siglo de Oro español, pienso que estas personas fueron elegidas no por su físico ni por su discapacidad, sino por el corazón y la dulzura con la que acompañaban a la corte. 

Por ello, no creo que fueran un simple divertimento, ya que en muchos casos se preocuparon por su salud, ni que estuvieran representados en sus retratos más personales para reírse más de ellos. Sino que fueron personas elegidas por unos rasgos físicos que sin quererlo se hicieron un hueco en el corazón de las personas que acompañaban. 

¿Bufones reales o Tesoros escondidos? 

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