Teatro

Ricardo III en el Teatro Español

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“Los clásicos nos enseñan a vivir el presente”

Eso es lo que decía en la rueda de prensa su protagonista, Arturo Querejeta y no le falta razón, por ello, siempre que puedo voy a disfrutar de los clásicos y si es de Shakespeare mucho mejor. Aunque esta vez casi no puedo ir por las trabas que la administración del Teatro Español me puso para poder comprar unas entradas. Es una pena que con la crisis que está soportando el teatro (la cultura en general) una de sus trabajadoras (en este caso la taquillera) no ayude al cliente a adquirir su entrada y se ciña tanto al los tiempos y reglas que le hacen ir a una persona hasta tres veces a la puerta del teatro para comprar un producto del que depende su trabajo. Ya me advirtieron en el master: “si tu centro cultural tiene un empleado (servicio de la limpieza, acomodadores, seguridad) que no da buen trato al público, todo el trabajo que estás haciendo para el público quedará manchado y no servirá de nada el esfuerzo”. Y eso es lo que me pasó, a pesar de mis ganas por disfrutar de la obra que quería, ya iba enfadada y con ganas de sacar punta a todo, aunque gracias a la calidad de los actores los fallos de la administración quedaron en eso, fallos que deberían de mejorar pero no mancharon el trabajo de la compañía Noviembre.

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Como os decía, la compañía Noviembre ha echo un buen trabajo. Su director Eduardo Vasco  vuelve a trabajar en otra obra del dramaturgo inglés junto con Yolanda Pallín. Ambos han querido “no subrayar el texto” ya que es una pieza política tan actual y elocuente que no necesita subrayados. La obra tiene algunos recortes de la original, han decidido dejar fuera las anotaciones históricas para que su interpretación pueda recordar al público los problemas actuales del poder, la muerte, el amor, el sentido de la vida.

En cuanto a su representación es un disfrute artístico, se nota que el trabajo de la compañía ha estado volcado en hacerlo accesible a todos los públicos. El decorado es sencillo y multiuso, sólo hay unas cuantas maletas antiguas y baúles de viaje que los actores juegan con ellas creando el elemento perfecto para cada escena. Algo que a mi me encanta en el teatro, escenarios sencillos donde el espectador sólo mire al actor y a través de los movimientos de éste y su interpretación sepa donde está.

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El vestuario es discreto, predomina el negro y la sencillez. Al predominar el color oscuro en el escenario, le es más fácil a los actores el cambio de escena. En los momentos bélicos de la obra han decidido vestir a los personajes con abrigos y chaquetas militares propias del periodo de la Segunda Guerra Mundial, algo que a mi no me gustó pero es verdad que sigue el hilo de la sencillez y de la comodidad a la hora de interpretar y actualizar esta obra de Shakespeare.

La interpretación a mano de sus once actores es excelente, todos se complementan en escena, Especialmente lo que agradece el espectador es la transdisciplinariedad, mezclando música e interpretación. A través de unos acordes muy sencillos que repiten a lo largo de la obra, van dando movimiento y ritmo a la función que te enganchan hasta el final. Por este motivo, el actor más especial para mí es Tirrel Jorge Bedoya por su maestría tocando el piano mientras interpretaba a Grey y al Sacerdote.

“El mundo está vuelto del revés tiene la cabeza donde deben de estar los pies”

Por último, sólo me queda daros los datos para que podáis ir a disfrutar de esta experiencia. Esta obra estará en El Teatro Español hasta el 15 de enero del 2017. Ya sabéis si queréis no tener problemas podéis adquirir vuestras entradas en la página web, aunque si deseáis que os hagan un 25% de descuento debéis de ir al teatro a comprarlas entre unas horas concretas que sino no os las venderán, las horas no me las sé pero espero que por teléfono sean más agradables y serviciales para que no tengáis que dar varios viajes.

¡Pasad una buena semana y disfrutad de los clásicos!

 

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